19 oct. 2008

Santa Ira

Bueno, hoy os dejo por aquí un pequeño relato que he hecho hace poquito, espero que os guste.

La noche era fría, como todas las noches de invierno en el pequeño pueblo de Santa Ira.
Los columpios rechinaban notoriamente, las ventanas crujían, y el viento se colaba entre
Las puertas y las rendijas de las casas, como un ladrón que jamás encuentra lo que
Quiere. Ya no sonaba la campana de la iglesia, ni la voz de los niños corriendo por las
Calles de tierra, ni el anciano que siempre estaba sentado en la misma silla de su porche,
Esperando a que la muerte le hiciera una visita.
Un aullido de lobo se oía en la noche.
Era un pueblo fantasma.
Pero antes de serlo era un lugar próspero, antes de que el diablo apareciera en forma de
Forastero, con una capa raída y un sombrero Stenton.
''oid mis sabias palabras...'' decía él, con la voz alegre y
Y a la vez mortal, como el veneno de una serpiente, dulce.
El alcalde, la madame, el monje y el anciano del porche se acercaron al forastero junto
Al resto del pueblo, absortos por su voz profunda y extraña, una belleza que sin duda
Sería el fin para la alegre gente de Santa Ira.
Días después, todos trataban al forastero como a uno más. La madame dejaba que
Visitara el burdel del pueblo cuanto quisiese, el alcalde le pedía consejo para el pueblo
Y su mandato, El monje comía con él los exquisitos manjares que por ese entonces tenía
La iglesia, el anciano del porche jugaba con Forastero al ajedrez cada tarde…una
Escena que Estremecía a una persona…la única persona que pensaba que aquel hombre,
Ese extraño Forastero, no era de fiar.
Una joven aldeana de no más de dieciséis años, bella, con el pelo tan negro como la
Pluma de un cuervo, los ojos azules como el zafiro en un anillo, y la piel blanca, a pesar
De que el pueblo estaba en pleno desierto y las mujeres, por lo general, eran de tez
Morena.
Jamás acudía a las reuniones que daba el forastero, que prometía bienestar al pueblo si
Hacían lo que pedía. Vender algunas tierras, dejar que entraran hombres (la mayoría
No muy buenas compañías) y de más calumnias que eran supuestamente buenas
Para la prosperidad de Santa Ira.
Ella no se fiaba. Habló con la madame, con el alcalde, con el monje y el anciano, pero
Nadie la creía. ¿Quién querría el mal para ese pequeño pueblo? Y menos un hombre
Que hacía algo bueno por Santa Ira.
Los meses transcurrieron. Peleas en los bares, disturbios en el banco, asesinatos en los
Callejones… y todo por Forastero. Pero éste siempre tenía algo de decir, algunas
Excusa. Y entonces empezaron a escuchar a la joven aldeana de pelo negro.
No pasó inadvertida mucho tiempo. El demonio, es decir, Forastero, se dio cuenta
De que la culpa de que los aldeanos sospecharan y se quejaran de él era por
La aldeana revolucionaria.
Había sido elegido alcalde, puesto a que el anterior había desaparecido en extrañas
Circunstancias. Una noche, la aldeana se peinaba frente a su tocador, sonriendo pues
Cada día conseguía que el pueblo abriera más los ojos tapados por la venda de Forastero. De repente alguien tocó a su puerta y la chica abrió. Su sonrisa se borró
Al ver frente a ella a dos de los matones de Forastero.
Estos la cogieron y se la llevaron entre forcejeos inútiles departe de la joven.
La llevaron hasta el demonio, que, sentado en su silla, la observaba sonriente.
'' Creo que sois demasiado protestona...pequeña.'' había dicho él, con su
Sonrisa perturbadora, que hizo estremecer nuevamente a la muchacha.
No habló más en toda la noche. Atada a la cama, la aldeana intentaba
Soltarse, pero era inútil. Durante doce horas de oscuridad, la aldeana había visto la
Verdadera cara de Forastero. La cara del demonio. La violó, la torturó y luego la mató
Decapitada.
Fue el error de Forastero.
A la mañana siguiente, la ausencia de la joven revolucionaria se hizo notoria, y todos
Sabían quien era el causante. Todo el pueblo, con antorchas y horcas, acudieron a la
Alcaldía.
Era demasiada gente, y ni Forastero ni sus matones consiguieron escapar. Los ataron y
Los llevaron a la plaza y los ataron al árbol, dispuesto a ahorcarles.
Pero una última maldición pudo salir de la boca del demonio
<<
Que este pueblo y sus habitantes sean ceniza.Que esta gente y Santa Ira no sean mas que polvo y viento. Yo os condeno al olvido eterno, oscuro y frio.>>
Tiraron de las cuerdas y Forastero murió junto a sus compinches.
Algo pasó.
Ese mismo tres de agosto, se convirtió en un extraño invierno, la noche era fría y un
aullido de lobo sonó.
No había nada en el pueblo. Los columpios chirriaban al igual que las ventanas, y el
Viento se colaba en las casas. No había nadie, habían desaparecido todos en una noche
Ahora permanente.
Santa Ira se convirtió en un pueblo fantasma.
Los mapaches repelen el pueblo, los pájaros no sobrevuelan sus tejados. El grito de
La aldeana aun se escucha si se presta atención.

Si a vuestro pueblo llega un forastero de capa raída y sombrero Stenton…
Sed precavidos, podría ser Forastero…el demonio.


Espero que os haya gustado y hayais disfrutado con la lectura

Saludos mutantes desde Genosha.

1 comentario:

Emyey dijo...

Muy bueno, sí señor!