22 nov. 2011

Triana Dormida despierta.


Bueno, en clase de inglés no es que haya mucho que hacer así que aprovecho y os enseño un relato que acabo de escribir. Disfrutadlo:



Triana se mece entre el día y la noche. Es esa hora que no tiene momento, no tiene minutos. Vago por sus calles en vela, solitario. Me gusta esa hora en la que no hay tráfico y el único ruido que hay es el del silencio opaco, roto por el aislado ulular de palomas medio dormidas.


Acaricio la pared de un edificio sin nombre pero con alma que me responde con arrugas del paso del tiempo. Me encanta esa hora, cuando no hay relojes.


Pobre, pobre Triana. Antes era pura y casta, pero fue violada hace tanto por las obras, la construcción, las tarjetas de crédito y bolsas de plástico. Me compadezco pues soy parte de su espíritu, soy una de sus venas, uno de sus profetas.


Me gusta sentir el viento golpear mi rostro, remover mi pelo con la brisa. Pero me queda poco tiempo, tiempo que debo disfrutar al máximo ya que la noche es solo mi amiga. Odio el día, ya que hay demasiada gente, aunque a veces posan junto a mi como si fuera alguien importante. Pero no soy más que una persona cualquiera, un anónimo entre tantos. Mas me halaga, no voy a negarlo.


Una tórtola se posa en mi hombro. Son mis compañeras aunque a veces deciden usarme de letrina, pero es normal en algo como yo. Me siento en un banco, cansado de caminar durante toda la noche por mis propias calles, hermanas de sangre y cemento. El sol está a punto de salir y es hora de que duerma para que la ciudad despierte. Cuando la carga sangrante del carro de Helios asoma por las rendijas de las callejuelas y baña mi piel, esta comienza a tornarse color cobrizo. Finalmente mi pelo se endurece hasta ser de metal y mis ojos se cierran, volviéndose brillantes. Buenas noches, Triana Despierta.



Saludos mutantes desde Genosha